Con cariño, para Vilma Naranjo y Jorge Olivares
Un olor penetrante a gas natural solía
invadir los pasillos del edificio durante varios días. Entre todos los vecinos,
revisábamos las tuberías y los tanques para descartar alguna fuga. Todo parecía
estar en orden. Después de un tiempo, el olor se iba, pero siempre regresaba. Por
lo general, yo me daba cuenta primero que todos. Desde la ventana de la cocina,
cuando me ponía a lavar los trastes mientras escuchaba mi podcast favorito,
llegaba el tufazo a gas.
A decir verdad, disfruto mucho de hacer mis
actividades mientras tengo sonido de fondo. Soy un sujeto tranquilo y sensible,
pero escuchar a expertos discutir casos de asesinos en serie es casi relajante
para mí. Durante un buen tiempo, me enamoré del podcast donde un médico forense
discutía sobre estos temas con una agradable anfitriona, que, curiosamente, era
mi vecina de a lado. Jamás crucé palabra con ella mientras vivió en mi edificio,
pero me imagino que estaba enterada de mi fascinación al podcast. En ocasiones,
pasaba por afuera de mi departamento cuando yo lavaba los trastes con su
programa de fondo, y era sencillo escuchar lo que ocurría dentro de mi casa.
En ocasiones, cuando la anfitriona hacía
preguntas, el doctor se guardaba la respuesta, pues “podría dar ideas a la
gente equivocada”. Esto siempre me dejaba con la ávida curiosidad de saber lo
que pudo haber explicado. Después de tiempo supe que aquellos temas sensibles,
el doctor los discutía a solas con la anfitriona. En un programa, mencionó que
el olor a putrefacción del cuerpo humano se solía confundir con el del gas
natural. Algo hizo click dentro de mí. Hice una denuncia anónima, y a
los pocos días, todos en el edificio nos enteramos del origen del misterioso
olor en mi edificio al ver las patrullas y camionetas del servicio forense
afuera. Sacaron bolsas y bolsas de cadáveres de la casa de mi vecina.
Me quedé triste porque, naturalmente, los podcasts
de este canal dejaron de transmitirse, y tiempo después YouTube tumbó el canal.
Lo último que supe del apasionado médico, fue que se deslindó públicamente de
las acciones de la anfitriona. En definitiva, hay que cuidar que la información
no llegue a la gente equivocada.